El tiempo de la minería es ahora

Categoría: Exploraciones |

Sobre la minería, hay muchísimo por hacer. Sobre todo, reponer como una prioridad nacional el impulso a los proyectos que han sido obstaculizados y la búsqueda de otros nuevos

por:  José Antonio Alfageme

El Perú registró en años pasados ratios de crecimiento económico importantes que lo convirtieron en uno de los  más destacados en todo el mundo.

Además de que esto sirvió para reforzar nuestro orgullo y autoestima colectiva (algo similar a si fuéramos una potencia futbolística o lo que hoy nos produce nuestro actual prestigio gastronómico), repercutió positivamente en una serie de variables asociadas al desarrollo y al bienestar colectivo.

Sobre todo, la pobreza y la pobreza extrema experimentaron una disminución importante; se desarrolló una explosión emprendedora —no sólo a nivel de empresas grandes sino especialmente de las pequeñas y medianas— que contagió a grandes porciones del país, incluyendo algunas tradicionalmente deprimidas (y otras que antes estaban dominadas por actividades ilícitas, como es el caso de San Martín); el empleo creció notablemente, etc., etc.

Pero, terminado el reciente periodo humalista, algo notorio ha sido que estos ritmos de crecimiento se han reducido. Y esto ya no es sólo un asunto de vanidad sino que significa menos empleos,  personas que vuelvan a caer a niveles de pobreza, familias incapacitadas de pagar créditos o compras a plazo, proyectos personales o empresariales que fracasan, etc.

Y es imprescindible conocer qué aspectos particulares incidieron para explicar esa ralentización. Por supuesto, hubo una pérdida de dinámica de los precios internacionales de materias primas que afectó nuestras exportaciones (que parece estaría terminando), pero eso no puede explicar toda la verdad.

Han habido países que, por ejemplo Colombia, han podido crecer a pesar de ello; y, en el pasado, el Perú pudo enfrentar otras situaciones globales complicadas, resistiendo mucho mejor que otras naciones.

El periodo humalista fue uno que se caracterizó por relativizar la importancia del mercado, la inversión y la competencia como fuentes de dinamización de la economía y construcción del bienestar.

Su “Gran Transformación” no era sino un manifiesto chavista que —gracias a Dios— ellos mismos dejaron de enfatizar (ahora, puede verse que esa fue una actuación “marxista”, no por Carlos Marx sino por Groucho Marx, aquel que decía “estos son mis principios y si no te gustan, acá tengo otros”).

Esta liviandad no era gratuita sino que respondía al hecho de que tenían intereses más “concretos”, los que ahora ya son de público conocimiento y explican su actual situación penal.

Pero su “Hoja de Ruta” no fue precisamente un canto de amor por el capitalismo, sino el producto de una especie de negociación oportunista, desarrollado sin mucha convicción.

El aparato público fue encargado a muchos que estaban más orientados al estatismo que al mercado, los que habían conformado las fuerzas que lo sostuvieron para llegar a la segunda vuelta. Es más, muchos de estos así como otros compañeros de ruta, aprovecharon para “ganarse alguito” con corruptelas y para complicar las cosas en trámites diversos para pedir coimas que prácticamente quedaron institucionalizadas.

Además, el liderazgo que antes había existido en alguna medida para impulsar el espíritu emprendedor colectivo desapareció y se quiso sustituir con aquello de “incluir para crecer”, es decir, poner como mecanismo fundamental de desarrollo los subsidios, “dar pescados” y no “enseñar a pescar”.

Una enorme fuga de capitales

Pero debemos de considerar dos elementos más importantes que quizás podrían explicar mejor la ralentización del crecimiento: el flujo ingente de capitales hacia afuera que la corrupción generó y la detención de un importante grupo de inversiones mineras que fueron impulsadas tanto desde el propio Poder Ejecutivo como de los movimientos políticos anti-mineros.

En economía hay algo que se conoce como el poder multiplicador de la inversión. Si alguien invierte mil soles en cualquier asunto, ahí no queda la cosa. Esa inversión significa pagos a otros (proveedores, trabajadores, etc.) que, a su vez, pagarán a otros y así sucesivamente. Es decir,  los mil soles iniciales se transformarán en mucho más, en poco tiempo. Ese es uno de los círculos virtuosos que enciende la competencia y el libre mercado. En el caso contrario, si ya no se hace esa inversión, se perderá no sólo esos mil soles sino los otros recursos que ese circuito generaría.

En el caso de un país, esto vale fundamentalmente en su relación con el exterior (la coima interna se sigue gastando acá): si fondos que van a ingresar no lo hacen, se perderá la multiplicación potencial de estos; y si fondos que estaban acá fugan, pasará algo similar, aspirando un capital que ya teníamos. Y esto ha sido lo que ha sucedido tanto con la corrupción como con la anti-minería.

Sobre la corrupción, muchas veces tendemos a pensar en las coimas pagadas a políticos y burócratas corruptos. Pero olvidamos que mucho mayores son los fondos “exportados” al exterior (en este caso, sea para Brasil u otros países, por el pago por obras artificialmente encarecidas para las empresas corruptas; o hacia paraísos fiscales, sea para estas mismas o para los corruptos locales).

Si consideramos que proyectos como las inter-oceánicas y otras se han multiplicado varias veces su valor, esos son recursos enormes que han fugado. Eso ha sido como una hemorragia profusa que nos ha debilitado. Peor aún, se ha tratado muchas veces de proyectos con una dudosa necesidad (que quizás hubiera compensado los esfuerzos).

En el caso de la anti-minería, han existido miles de millones de dólares que no han ingresado al país a pesar de los inversionistas foráneos estar dispuestos para ello. Y estos son capitales de riesgo, que ganen o pierden igual entrarán y generarán el circuito virtuosos. Además, para el país son gratuitos, no son créditos. Esto ha sido un acto criminal, que ha generado algo similar como la desnutrición, donde el país ha dejado de “alimentarse” de fondos.

Y, así, la corrupción y la anti-minería han actuado con dos poderosos golpes simultáneos, hacer que nos desangremos e impedir que nos alimentemos… ¡Todo un régimen “dietético” para matar rápido al “paciente”!

¿Debemos quedarnos inactivos en esto?

Sobre la corrupción, no hay mucho por hacer sobre lo pasado, salvo tratar de recuperar al menos algo de los fondos robados y castigar a la culpables. Sobre el futuro, por supuesto, hacer cambios profundos para evitar que esto vuelva a suceder. Sobre ambas cosas, lamentablemente no se notan esfuerzos significativos desde la política y el Estado.

Sobre la minería, hay muchísimo por hacer. Sobre todo, reponer como una prioridad nacional el impulso a los proyectos que han sido obstaculizados y la búsqueda de otros nuevos.

Tenemos, como peruanos, grandes dones que nos han sido dados. Uno de estos son los minerales que se encuentran en el subsuelo. Y sería criminal, infantil y hasta desquiciado no aprovecharlos. Los incas y las culturas que los antecedieron lo hicieron con gran sabiduría.

Grandes países de los cinco continentes, no sólo famélicos países africanos, lo utilizan a su favor, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Suecia o Australia. Y no podernos creer o decir que esos países están matando a su gente, cuando tienen instituciones fuertes que buscan la protección de sus comunidades.

No podemos caer en los cantos de sirena de aquellos que nos pontifican contra la minería. Curiosamente, muchos de ellos están vinculados tanto a lo peor de la corrupción local e internacional, como a esquemas políticos que han destruido países, como es el caso de Venezuela. Y nos hablan de recetas de lo que hay que hacer y no para desarrollarnos, cual si fueran dignos referentes en los que se pueda confiar mucho.

Por supuesto, se trata de actividades mineras que deben ser vigiladas permanentemente con formas científicas y con las mejores prácticas. Así, se podrá saber en la práctica si tal o cual proyecto contamina, con mediciones y otros seguimientos adecuados; pero no sobre la base de discursos solemnes pero vacíos y anti-históricos.

Detrás de parte del movimiento anti-minero se ocultan fuerzas oscuras. Es claro que en las recientes movilizaciones magisteriales han tenido particular incidencia algunas con clara voluntad subversiva, como Sendero Luminoso, el MRTA, los etnocaceristas y otros que se enmascaran dentro de otros movimientos no subversivos. Pero estas mismas fuerzas han estado presentes también en distintas acciones  anti-mineras conocidas. Y con ellos no se puede claudicar. El futuro del país y la vida de muchísimos peruanos, cuyo bienestar depende de cómo nos vaya, no pueden dejarse a la voluntad de gente que cuando actúa políticamente se deja ver como una ínfima minoría.

Acciones específicas gubernamentales deben ser emprendidas en forma rápida y sostenida. Se debe convertir cada uno de los proyectos trabados como una tarea a solucionar, tanto explicando bien a la población los beneficios que podrían obtener, confrontando a los que intentan engañarla con falsos dilemas de “agua u oro”, impidiendo que se someta a los pobladores, periodistas y otros a opinar a favor, mejorando cualquier punto débil, etc.

Hoy en día, podemos hasta calcular cómo hubiera sido hoy el país si los proyectos detenidos hubieran sido puestos en práctica. Se dice que hay proyectos que cada uno de ellos podría explicar hasta uno o dos puntos más del PBI. Eso ya se perdió, ya no será nunca más. Pero ahora, sí podemos evitar que eso siga sucediendo. Repetimos, ya no es cuestión de orgullo o ego, es un asunto de calidad de vida, de salud, educación y futuro de todos.

Fuente: Altavoz

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